Verdades y saberes del marxismo- Elías José Palti

Para introducirnos un poco más en el pensamiento de Marx podemos hacer una lectura a Verdades y saberes del marxismo

¿Qué hay más allá del abismo? ¿Qué destino aguarda a la tradición política marxista luego de la caída del Muro y de la disolución del comunismo? Peor aún, ¿cómo asumir que las revoluciones triunfantes de 1989 terminaran por generar, en gran medida, una restauración del capitalismo?

El nuevo libro de Elías Palti –reconocido especialista en el campo de la historia intelectual– no pretende ofrecer respuestas simples a cuestiones tan complejas. Aspira sí a investigar de cerca, en el seguimiento cuidadoso de la lógica argumental y de las aporías que despliegan los textos, los síntomas de la “crisis”.

Hasta cierto punto, Palti apela a la venerable, jamás resuelta, dicotomía materialista entre teoría y praxis para ubicar en sus extremos las estrategias opuestas de Perry Anderson y Alain Badiou. El primero, en el momento mismo en que asume la derrota del marxismo como alternativa histórica, estaría recuperándolo como saber teórico capaz de dar cuenta de su propia crisis. Para el francés, en cambio, se trata de una apuesta aún más problemática: destruir al marxismo como teoría para retomar su Verdad, esa práctica revolucionaria a la que ningún militante debería renunciar. ¿Pero cómo sostener una militancia renovada cuando se le escamotea a la concepción encargada de fundarla toda validez explicativa?

El grueso del libro explora las contradicciones en las que recae el marxismo posestructuralista (de Laclau y Zizek al propio Badiou) con su terca pretensión de mantenerse en la inmanencia de las relaciones de poder, su resistencia extrema ante cualquier fundamento trascendente (ontológico o normativo) de la política. Y es aquí donde el desmoronamiento del marxismo remite a una crisis de orden más general, la de la política en su totalidad; en palabras de Palti: “su simultánea necesidad e imposibilidad”.

¿Cómo persistir en la búsqueda de un sentido toda vez que, en esta era posmetafísica, cualquier ilusión de Absoluto (la Verdad,la Libertad,la Revolución) parece habernos abandonado? ¿Cómo evitar los autoritarismos que, en nombre de ciertos valores, nos ha prodigado el siglo XX, sin recaer en la resignación o en la apología de los ordenamientos institucionales existentes? Dentro de la lógica política del posestructuralismo, con su radicalización del escepticismo y su desagrado visceral por cualquier postulado “esencialista”, no hay respuesta posible. Una opción consistiría en negar de raíz los presupuestos en que descansa semejante tradición. No es la que elige Palti, quien encuentra allí una suerte de dialéctica trágica que, curiosamente, habría anticipado la ortodoxia trotskista de Nahuel Moreno. Dialéctica cuyo dilema expresaría mejor que nadie un pensador –Jacques Derrida– que no perteneció precisamente al ámbito del materialismo histórico: “la de no poder ya ser marxistas sin poder, sin embargo, dejar de serlo”; la de seguir aspirando a la promesa incumplida de una justicia que ni el comunismo ni el capitalismo han sabido realizar.

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