Ética de St. Tomás de Aquino

Sto. Tomás establece una relación entre Fe y Razón que será la base de su sistema filosófico. Atendiendo a esta relación, Aquino distingue dos tipos de conocimiento diferentes; por un lado los que solamente pueden conocerse a través de la Fe, como pueden ser la divinidad de Jesucristo o el carácter uno y trino de Dios. A este tipo de verdades las denomina artículos de Fe, y son verdades reveladas y no demostrables. Por otro lado se encuentran aquellas verdades que se refieren al mundo natural y usan la razón como modo exclusivo de conocimiento, sin necesitar como recurso gnoseológico la divinidad de Dios. Son verdades no reveladas y demostrables.

Por último, Tomás de Aquino añade un nuevo campo de verdades que pueden ser conocidas tanto por la razón como por la Fe. Es decir, entre ambos contenidos de Conocimiento (filosófico-teológico) se encontraría un tercer grupo de verdades compartidas por ambas, conocido como preámbulos de la Fe.

Aun partiendo de la visión de la ética teleológica y eudaimonista de Aristóteles (la felicidad humana está contenida en el fin al que tiende su naturaleza), Sto. Tomás introduce una diferencia fundamental. Su condición de cristiano le lleva a enmarcar el conjunto del universo y los seres que lo habita dentro de la obra divina. Dios aparece como el Ser que da unidad y orden inteligible  al conjunto de la realidad; no es sólo la explicación primaria del movimiento (como ocurre en Aristóteles), sino que se constituye como Principio y Fin del Universo. Así pues, todo está regido y orientado hacia él.

De esta forma, a la hora de establecer la reflexión sobre el bien al que tiende el hombre, la felicidad perfecta, Santo Tomás sostendrá que ésta no es algo que pueda alcanzarse en esta vida. El bien último, el bien universal, el fin último de la existencia no es sino el conocimiento y encuentro con Dios.

La consecución de este fin se plantea, en Sto. Tomás, desde una dimensión moral. El ser humano está dotado de entendimiento y de voluntad de tal forma que sus acciones son libres, y por tanto, dentro de esta libertad puede elegir erróneamente entre los bienes particulares que le conducen al bien principal, o permanecer entre ellos olvidándose del fin último (el encuentro con Dios).

Para evitar este hecho y encaminar al hombre a obrar correctamente, Santo Tomás defiende la existencia de valores morales, leyes morales, que tienen su base en la naturaleza humana en la medida en que ésta ha sido creada por Dios, y que pueden ser conocidas y enunciadas por la razón. Así, Santo Tomás sostiene la existencia de una Ley Moral Natural y Racional, que procede de la ley divina y que se concreta en el ser humano, cuya razón la descubre y la dictamina. Esta Ley podrá deducir una serie de principios que sirvan de fundamento a la vida moral y orienten al comportamiento humano a su meta más satisfactoria.

He aquí algunos de los principios básicos de la Ley Natural:

-Observamos en todos los seres una tendencia natural a mantenerse en la existencia; es el llamado instinto de conservación. A partir de esa constatación podemos considerar que la vida humana es uno de los valores morales primarios y que debemos establecer normas morales en consonancia con él: cuidado del cuerpo y la salud, prohibición del suicidio, del aborto…

-Observamos en el ser humano una tendencia natural a la procreación. Así pues debemos establecer normas morales respecto a la sexualidad, el cuidado y educación de los hijos…

-Observamos en el ser humano, en tanto que ser racional, una tendencia al conocimiento de la verdad. De ellos se derivan obligaciones morales personales en cuanto al perfeccionamiento del conocimiento…

-Observamos en el ser humano, en tanto que ser racional, una tendencia a la vida social, el hombre es un ser social por naturaleza. De ahí se derivan toda una serie de normas morales relacionadas con la constitución de la sociedad, el establecimiento de la justicia, el valor de la solidaridad…

Como buen seguidor de Aristóteles, Sto. Tomás no se conforma con el establecimiento de una serie de principios teóricos en el ámbito de la moral. En la medida en que la ética, la moral, corresponden a los saberes prácticos (praxis) requieren del ejercicio de la virtud, del desarrollo de hábitos adecuados. Por eso volverá a repetir la lista aristotélica de virtudes, con especial referencia a la prudencia, como exigencia de la correcta práctica moral.

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